Cuarto propio con vistas al mundo

16 Oct, 2018 · por  

Por Carolina Chacón, traductora, redactora y gestora cultural.

“…las mujeres han sido inventadas varias veces en diferentes escenarios,
pero los inventores simplemente no sabían cómo vender el producto”.
Ursula K. Le Guin.

“A Room of One’s Own”, dijo Virginia Woolf en su obra de 1928, refiriéndose no sólo a la importancia que cobraba, para las mujeres, tener un espacio físico para relatar desde la mirada propia, sino también la libertad para escribir y crear. ¿Cómo hemos hecho este camino desde la obra de la Woolf? A casi un siglo de Una habitación propia, en el hemisferio opuesto, más de tres generaciones más tarde y a través de los sentidos de otras mujeres, la libertad para crear sigue honrando la idea del cuarto propio, pero un cuarto abierto al mundo. Lo que a veces llamamos “universo femenino” sigue buscando volverse completamente sujeto, hablar desde el yo-ella, ponerle voz a la mirada personal.

Esto es lo que predomina en los videos seleccionados para la muestra de videoclips de Felina, Felinaclips. De las seis entregas, dos me llaman la atención por venir directamente del mundo exterior: MKRNI, donde Elsita Punto tiene la palabra, y la autora de raíz folclórica Pascuala Ilabaca. Ellas vienen directamente recogiendo las complejidades del vivir humano y el ritual gregario, desde el enigma y el absurdo (casi peligroso) de buscar la pertenencia en Waterdrops, hasta la defensa del pueblo quechua, sus ritos y mitos, en El baile de Kkoyaruna.

Pero gran parte de los clips protagonizados por mujeres en la selección de Felina, reivindican la voz íntima de la búsqueda personal. En el Espejo, de Javiera Mena, vemos con sutil humor el viaje espiritual al desapego, el despojo de lo superfluo, el camino hacia sí misma y la simpleza como objetivo. Con Dulce y Agraz, nuestro cuarto propio tiene vistas al Océano; Ruido nos lleva al encuentro con el cielo abierto pero sin abandonar el silencio y la paz interior. La juventud se manifiesta inocente y firme, respondiendo dulcemente al llamado urgente de lo salvaje. Mientras una adulta Francisca Valenzuela, quien dirige su propio video, le saca el jugo a la fruta de la pasión declarando abiertamente el derecho al deseo y al orgasmo en Tómame -con una explosión visual de color-, la voz dos-en-una del joven dúo Yorka vuelve al espejo de su habitación en Y bailamos tanto. Una chica se busca a sí misma entre la resaca mientras el diálogo con un otro invisible permite ir hacia adentro. Nuevamente vemos el juego de la dualidad sirviendo al viaje interior.

Aunque casi todos los videos están dirigidos por hombres, todos estos realizadores (reconociendo los méritos de todo un equipo) logran rescatar el universo femenino que aún estamos descubriendo, ya sea proyectando hacia afuera el relato introspectivo, o bien recogiendo las impresiones de una heroína que sale a intervenir la dinámica del mundo. Esta heroína está tanto en la creación lírica como en las propuestas estéticas de los videos.

Han sido siglos de comprender el mundo, y más allá, a través del prisma de la narrativa de los hombres -héroes, aventureros, historiadores, grandes navegantes, filósofos, estadistas, poetas y artistas. Las mujeres nos hemos puesto en sus zapatos, hemos integrado la voz masculina a nuestra psiquis, concedido que la historia de la humanidad es la historia del hombre. Hemos sido objeto inventado por esa historia. Ante esta monolítica realidad, el “universo femenino” busca exponer la experiencia desde la propia voz para crear nuevos espacios.